Ana María Matute

Portada de "El Río". Foto: Nórdica

La mirada de Ana María Matute sobre la infancia

Carmen Sigüenza - 2 enero, 2020

“Yo creo que la infancia, y no solo para mí, sino para la mayoría de la gente, es algo marcado para siempre. Aunque la quieras olvidar no puedes…Y todo lo que se ha vivido de niño, por lo menos las cosas más llamativas, las que más te han impresionado, eso perdura a lo largo de los tiempos…”. Así lo dejó escrito Ana María Matute.

Una de las grandes fabuladoras

Matute (Barcelona, 1925 ) fue un de las grandes fabuladoras, una de las mejores narradoras de la posguerra española, académica de la Lengua, Premio Cervantes, Nacional de las Letras, miembro de la Hispanic Society of América y autora de algunos cuentos infantiles. Escribió su primera novela con 17 años, “Pequeño teatro”, que le valió once años después el Premio Planeta, en el 54.

Ana María Matute

Ana María Matute en la Universidad Menéndez Pelayo. EFE

Padeció el machismo de la época franquista

Matute, la autora de “Olvidado rey Gudú”, fue la tercera mujer en obtener el Premio Cervantes y la tercera en entrar en la Real Academia. Padeció el machismo en la época franquista. Su obra “Luciérnagas”, finalista del Premio Nadal, fue censurada. Se divorció de su primer marido, en 1963, algo impensable para la época, y le quitaron la custodia de su único hijo, Juan Pablo, durante tres años. Una de las peores pesadillas para la escritora.

Fallecida el 25 de julio de 2014, ahora la editorial Nórdica le ha querido rendir un homenaje con la reedición de “El Río”, con ilustraciones de Raquel Martín, una publicación de 1973 en la que Matute recupera los escenarios de su niñez.

Contra los cuentos políticamente correctos

Los libros y la lectura fueron el refugio durante la infancia de esta mujer, que tenía aspecto de hada buena con su pelo blanco y que en una entrevista con Efe decía que ahora la literatura infantil le daba “pena, por lo políticamente correcto”.

ana maria matute

La escritora Ana María Matute, durante su discurso tras recibir de manos del rey Juan Carlos el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas EFE/Angel Díaz

No le puedes leer a un niño un clásico, que son fabulosos, porque hoy hay que decirles amén a todo y que al final caperucita se hace amiga del lobo. Y esto no es así, porque en la vida se van a encontrar con unos lobos tremendos. Al niño hay que decirle que hay cosas buenas, malas y tremendas, y no darles una idea paradisíaca del mundo”, explicaba ya en 2009.

Con “El Río” mira a su infancia

“Yo tuve una infancia de papel“. “Siempre tenía la cabeza dentro de un libro”, decía la autora de “Los Abel” (Premio Nadal), y en “El Río”, un bello volumen, Matute, tras once años de ausencia, vuelve a Mansilla de la Sierra (La Rioja) donde pasaba los veranos junto a sus abuelos.

Pero el pueblo por el que correteaba cuando era niña ya no existe, “ha sido cubierto por las aguas del pantano, y solo emerge, como inquietante aparición, con el calor de agosto”.

Una visión mágica

Desde esa presencia, entre fantasmal y soñadora, Matute ofrece una visión mágica de la infancia, que a la vez es irrecuperable. Los lobos, los mendigos, la naturaleza, los disfraces, los oficios olvidados, la muerte de un niño, la niebla, las nubes, o el eco, entre otros elementos, sirven a la maga de las palabras para construir 49 episodios llenos de poesía, de realidad y misterio.