ArqueólogAs

La arqueología va más allá de la imagen aventurera del trabajo de campo en las excavaciones, la hacen todos los que trabajan con antigüedades, en museos, centros de patrimonio o universidades. EFE/ Santi Otero/Archivo

ArqueólogAs, un proyecto que recupera la memoria de las mujeres

Carmen Rodríguez | Madrid - 4 noviembre, 2020

La Arqueología en España tiene el deber de recuperar la memoria de las mujeres que han formado parte de esta ciencia cumpliendo su labor en museos, centros de patrimonio o universidades. Y con este objetivo nace ArqueólogAs, un proyecto que ha empezado a construirse a través de una página web y que implica a dieciséis especialistas, dirigidos por Margarita Díaz-Andreu de la Universidad de Barcelona.

Felipa Niño, Encarnación Cabré, María Luisa Oliveros son algunos nombres de mujeres que se podrá encontrar en el sitio web que busca darle el lugar a las mujeres que también son parte de la historia de la Arqueología.

Queremos hacer un esfuerzo por encontrarlas y sacarlas del silencio, reflexionar sobre por qué no las tenemos y cómo se pueden integrar dentro de las historias de la Arqueología”, explica a Efe.

Un proyecto de largo aliento

Las primeras mujeres llegaron al mundo de la arqueología a comienzos del siglo pasado, como funcionarias de museos y, con los años, al entorno universitario.

Pero también estuvieron en las excavaciones, como Encarnación Cabré (1911-2005), la primera en realizar un trabajo de campo de envergadura, porque su padre era arqueólogo y “debía tener una mentalidad un poco más abierta a este respecto”. Su investigación se centró en la Edad del Hierro céltica de la Meseta Norte.

La suya es una de las siete biografías que, hasta ahora, incluye la web del proyecto, el cual se prolongará tres años con la financiación del Ministerio de Ciencia en Innovación y la Agencia Estatal de Investigación.

Las ArqueólogAs españolas

Historias como la de Felipa Niño (1902-1992), que al comienzo de la Guerra Civil arriesgó su vida, junto al jefe del Gabinete Numismático del Museo Arqueológico Nacional, Felipe Mateu y Llopis, para salvar parte de las monedas de oro de la colección que fue requisada por el Gobierno. Con los años, Niño, experta en tejidos, llegó a ser subdirectora de ese museo.

O la de Ana María Muñoz Amilibia (1932-2019), la primera catedrática en el ámbito de Arqueología, en el año 1975 en la Universidad de Murcia, y la de María de los Ángeles Querol (1948), primera subdirectora General de Arqueología del Ministerio de Cultura y catedrática de Prehistoria.

Carreras que, a veces, se vieron truncadas pronto. Fue el caso de Cabré, que dejó la arqueología al casarse, o de María Luz Navarro, directora del Museo de Girona, quien abandonó durante años su profesión pues, al “inicio del franquismo, una ley que no le permitía seguir de funcionaria” al contraer matrimonio.

María Luisa Oliveros, sin embargo, se casó muy mayor, porque quería seguir trabajando. Una disyuntiva que nunca se le plantearía a un hombre, señala Díaz-Andreu, a quien la propia arqueóloga le contó el porqué de su decisión.

Pioneras y revolucionarias

Y es que, este proyecto tiene mucho de historia oral. Ya en los años noventa Díaz-Andreu empezó a hacer entrevistas a sus protagonistas o a las personas que las conocieron para no perder su rastro, lo que a veces “no es nada fácil”. “Cuando las entrevisté en los años noventa -relata-, algunas se consideraban muy pioneras y muy revolucionarias. Estar trabajando había sido para ellas un paso importantísimo”.

Pioneras a las que hay que conocer. “Nunca oímos de ellas cuando éramos estudiantes universitarias”, dice la también profesora de investigación ICREA, quien se pregunta “qué mensaje están recibiendo las chicas jóvenes sobre el futuro de la Arqueología para ellas”.

Mujeres con menor visibilidad -explica- también por su campo de investigación. Cuando una chica quería hacer una tesis doctoral se le sugerían temas como las joyas, que “puede ser interesantísimo”, pero que los mismos directores de tesis consideraban “secundarios”, frente a los “importantes”, como las armas, típicamente masculinos.

“Los temas femeninos, la casa, la educación no se consideran importantes dentro de los parámetros de la profesión, con lo cual, a quienes los han estudiado tampoco se les da tanta importancia”, dice Díaz-Andreu.

Y no solo el qué sino el dónde. Muchas de estas mujeres -agrega- desarrollaron su carrera en museos y “también hay que ver cómo se hacen los parámetros de qué es válido para la arqueología, que son muchas publicaciones y tener muchos alumnos”, y con eso ya se elimina lo hecho en los museos, porque “las historias de la Arqueología las escriben personas de la universidad”.