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Portada del libro "Ella pisó la luna", de Belén Copegui. Portada cedida por Random House Mondadori

“Ella pisó la luna”, la vida de Marga o la de muchas que debieron ser contadas

Carmen Siguenza - 23 diciembre, 2019

“Hay cientos de miles de vidas de mujeres que no solo merecen ser contadas, sino por las que hemos de luchar para que se cuenten, porque ganarle la pelea a las estructuras depende también de las historias que tengamos…”. Esta es una de las frases que Belén Copegui escribe en “Ella pisó la luna”, un hermoso y conmovedor libro en el que la escritora retoma la vida de su madre, Marga, para poner de relieve “el destino de tantas mujeres que, precisamente por serlo, ha quedado relegado o truncado“.

Cuestionar cómo se ha contado la historia

“Ella pisó la luna” (Literatura Random House) es un breve pero intenso texto, en el que Copegui (Madrid, 1963) recoge una conferencia que ofreció en el ciclo “Ni ellos genios ni ellas musas”, en marzo de 2019, celebrado en Caixa Forum Madrid, y organizado por Clásicas y Modernas, y cuyo objetivo era cuestionar “el modo en el que se ha contado la historia del arte, del pensamiento o de la ciencia: como fruto del genio de algunos individuos, excepcionales, siempre del género masculino”.

Una idea que para sus organizadoras deja la pregunta: “¿Por qué ellas ocupan siempre un segundo plano?”.

Así es que Copegui, autora de títulos como “La escalera de los mapas”, “El comité de la noche” o “Quédate este día y esta noche conmigo”, aprovechó la conferencia para hablar de sus padres, y en especial de su madre. El padre de la autora, Luis Ruiz de Copegui, era un reputado físico, experto en astrofísica, y responsable de algunas actividades de la NASA en España, entidad de la que fue director.

Sacar del anonimato a Margarita Durán

Ruiz de Copegui siguió el 20 de julio de 1969, desde Fresnedillas de la Oliva, cerca de Madrid, donde estaba la estación espacial, los pasos de la llegada del hombre a la Luna y trasmitirlo a Houston.

Pero Belén Gopegui aprovecha esta historia para sacar del anonimato a su madre, Margarita Durán, una mujer que luchó por los derechos de los demás y la verdadera protagonista. Así, contando su historia, la de ella, la autora cuenta la historia de  otras muchas mujeres cuyas conquistas no vieron la luz, ni tuvieron focos.

Defensora de los Derechos Humanos

Margarita Durán y Luis Ruiz de Gopegui son mi madre y mi padre, y quiero contar parte de su historia desde la observación de dos caminos vitales diferenciados, marcados por el género en un determinado entorno político y social“, dice Belén Gopegui, cuyos padres, aclara, pertenecían  a una clase media alta. “Si la historia hubiera sucedido en otro entorno menos protegido, habría sido mucho más dura”, precisa la escritora.

Copeguí relata, de entrada, que su padre estudió Ciencias Físicas y que a su madre, que quería estudiar Medicina, no la dejó su familia. Estudió Enfermería, tuvo una hija, Miriam, otra de las presencias claves del libro y hermana mayor de Belén, una niña que nació con parálisis cerebral por una negligencia médica y a la que Margarita se dedicó en cuerpo y alma hasta que la joven falleció con veintisiete años. La madre de Copegui ya había perdido antes a una niña de un mes, Marta.

Margarita defendió y luchó por los derechos de las personas con parálisis cerebral, como su hija. Trabajó en el Pozo del Tío Raimundo, en la Fundación que creó el sacerdote comunista José María Llanos consiguiendo muchos logros para el desarrollo social del barrio y de los jóvenes.

La historia de Margarita y Luis

Tanto es así que Copegui recuerda en su libro que, con motivo de la preparación de la conferencia que dio, conoció que la Fundación del Pozo quiere recoger el nombre de Margarita Durán para un proyecto que se llamaría “Escuela de Formación en Igualdad de Género Margarita Durán”

Margarita Durán trabajó en Amnistía Internacional. Cuando vivía Franco, se hizo miembro de corresponsalía de la sección británica de Amnistía Internacional, porque en España estaba ilegalizada, y tras la muerte de su hija Miriam se entregó de lleno a esta actividad, como coordinadora del grupo de Argentina, estuvo en contacto con las madres y abuelas de la plaza de Mayo, viajó a Argentina y las madres y abuelas  de la plaza viajaron a Madrid, a su casa.

Luchó con denuedo por los Derechos Humanos en la dictadura argentina. Lectora empedernida, también escribió, aunque solo mostró un cuento para las personas a las que pudiera ayudar, una parábola con el nombre de su hija Miriam. “Al final de su vida fue una abuela incansable, divertida y vital durante quince años. Luego su cuerpo empezó a desmigarse”. Murió el 22 de enero de 2015.

Copegui termina diciendo que esta es la historia de Margarita y Luis, “quienes entre otras muchas circunstancias, resultaron ser mis madres. Nuestras madres”, en un deseo de igualar esta expresión a la de “mis padres”.

“Quizá tras el conocimiento de estas y tantas otras vidas, podamos no solo usar a veces la expresión ‘mis madres’, sino que hacerlo no resulte chocante, ni siquiera militante”, concluye.