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7/4/2020. Trabajadoras del hogar. EFE/Eric San Juan/Archivo 300 x 219 px.; 32 bpp; 15,52 kB JPG 2 600 x 439 px.; 32 bpp; 39,33 kB JPG 3 (WEB) 900 x 658 px.; 24 bpp; 67,99 kB JPG 4 (ORIGINAL) 1262 x 924 px.; 24 bpp; 128,19 kB Tamaño personalizado. Elija ancho o alto (Ancho máximo:1262 px. / Alto máximo:924 px. ) Ancho Alto Recordar Contenidos de la noticia: < Empleadas domésticas, la precariedad de los cuidados Empleadas domésticas, la precariedad de los cuidados Metadatos Multimedia Fecha: 07/04/2020 09:40 (UTC) Temática: Política » Parlamento » Cámara baja - congreso Asuntos sociales Referencia: 55003501910 IDPMU: #DOC_

Empleadas de hogar o vidas en precario

Lourdes Velasco EFE - Madrid - 10 abril, 2020

La crisis del coronavirus ha agravado la situación de las empleadas de hogar que no poseen contrato laboral.  Tal es el caso de Beatriz. Tiene 72 años, tres hijas en Paraguay y una “camita” en la habitación de su amiga en Segovia, su única opción tras haber perdido su trabajo de “interna” en el chalet de un matrimonio de tres hijos.

No tiene ingresos, y aún así es difícil arrancarle un lamento: “Tengo esperanza de, en cualquier momento, volver a trabajar porque soy fuerte y sana”, dice. Según asociaciones del sector, 200.000 mujeres trabajan de empleadas del hogar sin contrato laboral. Una situación ya de por sí difícil que se agrava durante la crisis del coronavirus.

Migrantes y sin papeles

Sin papeles, migrantes y sin derecho al subsidio extraordinario aprobado por el Gobierno para quienes están dadas de alta en el régimen especial de la Seguridad Social. Así es la situación de miles de  trabajadoras del hogar en España, la cual no incluye el derecho del resto de trabajadores al subsidio por desempleo.

Beatriz está en el eslabón más débil de las empleadas domésticas, con un salario de 650 euros300 euros por debajo del salario mínimo– y una jornada laboral de ocho horas de lunes a viernes. “Ocho horas, pero nunca son ocho. Estaba disponible para lo que me pedían a cualquier hora, incluso sacaba al perro a pasear una hora por la mañana y otra por la tarde”, resume en una conversación telefónica con Efe.

Prescindieron de ella hace un mes. “La mujer se quedó sin trabajo, no puedo protestar”, justifica.

Por debajo del salario mínimo

Perdió también su habitación. “Yo trabajaba de interna y me quedé sin dónde vivir. Mi amiga me recogió y me está ayudando”, explica Beatriz, que ha convertido en temporalmente definitiva la “camita” en la que antes descansaba los fines de semana en casa de su amiga.

Beatriz explica que aprendió a no quejarse, quizá por eso dice que lleva la cuarentena “demasiado bien” en ese piso donde convive con otras cuatro personas. “Yo no me desespero, siempre tengo cosas que hacer: arreglo la ropa, me gusta leer y cocinar. Hacemos aquí de todo y tenemos guantes, tapabocas (mascarillas) y lejía”, relata.

Cree que pronto accederá a una pensión no contributiva porque ya lleva diez años en España, pero ahora se centra en encontrar trabajo de nuevo. “Me gustaría ganar el sueldo mínimo, que son 945 euros, pero si es menos igual me da. Hago de todo: plancho, cocino, limpio la casa. No soy de esas viejas achacosas”, dice como si en cualquier momento, también mientras habla con Efe, pudiese llegar la oportunidad.

Con varios trabajos en negro

Comparada con la precariedad con la que vive Beatriz, pareciera que la situación de Paolachilena de 40 años, 13 de ellos en España– fuese incluso privilegiada. Ella es trabajadora doméstica con contrato y vive en un piso en Madrid con su madre y su hija.

Por el momento, Paola no ha perdido su trabajo principal como empleada doméstica a tiempo completo, por el que sí está dada de alta en el régimen especial de la Seguridad Social.

Ha acordado con su empleadora anticipar sus vacaciones y cogerlas ahora, durante la crisis del COVID-19, aunque, si la situación se complicase, sí tendría derecho a una ayuda del 70 por ciento del salario que declara percibir.

Sin embargo, Paola tenía otros cuatro trabajos en negro que no desempeña desde que se decretó el estado de alarma, y son los empleadores los que deciden si le pagan o no, y hay de todo.

Necesito ese dinero para mi día a día: la luz, el gas, comprar medicinas”, explica.

Una caída de ingresos significativa

Se acuerda estos días de cómo era su vida hace 13 años, cuando llegó de Chile y trabajaba sin papeles, y alerta de la cantidad de compañeras que están en su situación: “Hay muchas mujeres que trabajan sin documentación que se quedan ahora sin nada”.

Stela tiene 55 años y está en su casa de baja contagiada por la COVID-19. Trabaja en varias casas como limpiadora: en algunas está dada de alta y en otras no, y da por segura una caída de ingresos ya que no trabaja y solo algunos de sus empleadores le han dicho que le darán su salario -o una parte- durante lo que dure la pandemia.

Incorporación plena en la Seguridad Social

“Hasta ahora nuestra situación económica estaba bien pero sí me preocupa el futuro porque lo que nos viene, seguro que bueno no va a ser”, explica. El colectivo de empleadas del hogar está formado por unas 580.000 trabajadoras, según la última encuesta de población activa (EPA), pero solo hay 394.171 personas afiliadas en el sistema especial, lo que refleja la irregularidad que se da en estos empleos.

Más allá de haber conseguido un subsidio en un colectivo sin derecho a paro, las asociaciones del sector como Sedoac -a la que pertenecen dos de las entrevistadas para esta crónica- esperan que en esta crisis del coronavirus se dé “un paso decisivo” para la incorporación plena de las trabajadoras domésticas en el régimen general de la Seguridad Social.