mapa de heridas

Imágenes de la obra "Mapa de herida" cedidas por la compañía teatral "La Madre del Cordero". Imágenes de la obra "Mapa de herida" cedidas por la compañía teatral "La Madre del Cordero".

La obra “Mapa de heridas” plantea una reflexión incómoda sobre la violencia sexual

EFE | Madrid - 22 febrero, 2021

En la creación teatral “Mapa de heridas”, Sergio Martínez Vila aborda la violencia sexual y borra los límites entre víctima y verdugo para propiciar “un espacio incomodo de encuentro donde se da una posibilidad de comprensión y perdón“.

“Mapa de heridas” es un drama áspero y duro, que trata el tema de la violencia sexual y como esta “se convierte en herencia”, explica en una entrevista a Efe su autor y director, Sergio Martínez Vila (Asturias 1984).

Se trata de un tema que este dramaturgo ha trabajado a lo largo de su trayectoria artística desde que debutara con “El alambre en la frente” (2007), y reconoce que la noticia de la violación grupal de La Manada en Pamplona “le afectó mucho. Por ello, ha querido reflexionar sobre ese terrible suceso “con distancia”.

“Mapa de heridas” aborda un episodio de violencia sexual

“El para qué de esta pieza es propiciar la identificación con el otro en un momento tan polarizado como el que vivimos ahora”, argumenta Martínez, quien bucea en el significado de la violencia “que habitamos y legitimamos aun sin darnos cuenta”.

Y así, escribe una historia que arranca 30 años después de que violaran a una mujer, la madre de Ana. “Esta chica decide ponerse en contacto con los que agredieron y violentaron a su madre”, explica sobre la obra esta obra que se puede ver en La Sala Cuarta Pared hasta el 28 de febrero.

Ana se cita con cuatro hombres diferentes, todos mayores que ella: un jubilado de la construcción, un jefe de almacén, un padre de familia que busca sexo con chicas jóvenes y un divorciado que vive con sus padres.

“Ellos no saben quién es Ana, pero Ana sabe muy bien lo que ellos le hicieron a su madre: La violaron por turnos. La dejaron embarazada”, añade el director.

Ana, que fue el fruto involuntario de ese ataque, creció toda su vida creyendo que el hombre que la había criado era su padre biológico. Ahora que ha descubierto la verdad de su origen, siente que hay algo que debe hacer con todos ellos. Pero no sabe el qué.

Borra los límites entre víctima y verdugo

La obra busca borrar los límites entre víctima y verdugo “para propiciar un espacio incómodo de encuentro en el que las diferencias se anulan”, se brinda una oportunidad de comprensión y perdón, “lo que posibilita que una generación posterior pueda sentarse a tener un diálogo“.

“Esta temática me puede resultar incómoda, violenta en algún momento, pero me resulta inevitable”, asegura el director de la obra quien intenta no autocensurarse, pero bien es cierto que trabaja con límites para contar bien la historia. “No quiero poner un bozal o reprimir”.

Reconoce que tiene una mirada propia sobre este tema que “no es perversa ni sensacionalista, ni provocadora, al contrario busca la unión en las diferencias“.

Para Cristina de Anta y Óscar Oliver, intérpretes de la obra, es una experiencia escénica de alto voltaje emocional “donde el espacio y el tiempo son las piezas de un puzzle que se resiste a encajar de una sola forma”.

“El teatro es el lugar para el cambio”

Su formación es audiovisual, aunque el teatro es su vocación, “llevo desde los 7 años escribiendo teatro”, cuenta Martínez quien, ahora prefiere asumir la dirección de sus textos. “Es lo que me apetece y lo que me pide mi proceso creativo”.

Para este joven dramaturgo compartir historias es una necesidad tan vital como respirar. “Y en ese sentido el teatro me lo ha facilitado”.

Considera que “el teatro es el lugar para el cambio, es un espejo prodigioso para la gente. Es un espacio sagrado”, concluye Martínez.