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El doctor Pere Barri Soldevila, en el quirófano durante una intervención. Clínica Dexeus.

Mutilación genital femenina: cirugía para reconstruir, educación para erradicar

Natalia Otero - 6 diciembre, 2018

Mariama tiene 25 años, creció en Cataluña y aún no puede ni quiere recordar el día que fue mutilada. Tenía 12 años y estaba de vacaciones de verano en Gambia, el país de origen de sus padres. Fue una experiencia confusa, dura y que aún no se explica.

Aquel día no solo le cercenaron el clítoris y los labios menores, también le quitaron parte de su identidad, de pertenencia al entorno en el que estaba creciendo.

Tras sufrir la mutilación acudió durante años a una psicóloga que la ayudaba. Más que a entender lo que le había pasado, a vivir con ello. Hasta que, con 21 años, ojeando las páginas de un diario, se topó con un artículo sobre la reconstrucción genital.

“Cuando lo vi, me dio mucha curiosidad. Se lo comenté a la psicóloga, me dijo que llamase. Que no perdía nada”, dice Mariama, cuyo verdadero nombre quiere mantener en secreto para preservar su intimidad.

Gambia: tres de cada cuatro mujeres 

Cada año tres millones de niñas son susceptibles de sufrir Mutilación Genital Femenina (MGF) en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud. En Gambia, de donde procede la familia de Mariama, tres de cada cuatro mujeres han pasado por esta práctica, según los datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas.

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Una joven senegalesa asiste a la ceremonia para anunciar el fin de la práctica de la ablación. Pierre Holtz/ EFE

Con los movimientos migratorios, algunas tradiciones dejan de circunscribirse a un determinado territorio. La Fundación Wassu UAB, que lleva años monitoreando esta práctica en España, estima que hay alrededor de 60.000 mujeres que han sufrido algún tipo de mutilación genital y sobre 20.000 niñas en riesgo de sufrirlo en el país.

“Me lo debía a mi misma”

Tras pedir cita en el centro Dexeus Mujer de Barcelona animada por su terapeuta, Mariama fue evaluada por el doctor Pere Barri Soldevila, pionero en la cirugía de reconstrucción genital en España. Su informe fue favorable y pasó por el quirófano.

De aquel día recuerda ver cómo una enfermera trasladaba a otra chica al postoperatorio y cómo ésta lloraba desconsoladamente. “Yo no lo entendía. Ella acababa de salir, debería haber estado contenta”, cuenta.

No sintió miedo. No se replanteó la operación. No dudó. “Me lo debía a mí misma”, sentencia.

Mantuvo todo el proceso de preparación en secreto y el día de la operación la acompañaba una amiga. Según el Dr. Barri, esto es muy común porque la mayoría se lo oculta a la familia.

El sentimiento de pertenencia

“No lo entenderían y no es necesario que lo sepan ahora”, dice Mariama sobre la decisión de no decírselo a sus padres. “Algún día creo que lo haré, pero ahora mismo, no”, añade.

Ella no los culpa de su mutilación, ya que la decisión no respondía al deseo de perjudicarla. En la cultura de sus padres, que una mujer esté cortada es una característica positiva que la ayudará a ser aceptada y valorada.

Hayat Traspas, cofundadora de Save a Girl Save a Generation, una asociación puesta en pie junto a su madre y su tía contra la MGF, confirma esta idea. Traspas señala, además, una razón fundamental para la prevalencia de esta práctica fuera del país de origen: el sentimiento de pertenencia.

“Todas las comunidades africanas, y no africanas, que viven fuera de su país tienen la preocupación de que no se pierda su identidad”, explica Traspas.

La antropóloga Adriana Kaplan, directora de Wassu UAB, apunta igualmente al conflicto de lealtades con el origen y señala otras causas. “Quieren que las niñas formen parte de esa sociedad secreta de las mujeres. También hay un mito de retorno: algún día volverán y así podrán integrarse. Creen que una niña circuncidada es una niña limpia, que facilita el parto, que ayuda a que lleguen vírgenes al matrimonio…”.

Reconstrucciones gratuitas

Mariama no recuerda que la cirugía doliese especialmente, en su mente hay albergada una sensación más de molestia que de dolor. Tras ser dada de alta, fue a pasar el posoperatorio a casa de su amiga.

Desde un punto de vista anatómico, los genitales de Mariama tienen ahora un aspecto prácticamente normal.

El Dr. Barri, que realiza estas intervenciones en España desde 2007 de manera gratuita a pacientes que han sufrido MGF, asegura que el 90% recupera una fisionomía muy cercana a la de una mujer no mutilada. “Casi no hay casos irreversibles y en pocas veces se presenta alguna complicación que tenga que ver directamente con la reconstrucción”, asegura.

Pero el mayor reto no es el estético, sino el funcional. Cerca de un 75% de las mujeres reconstruidas recuperan la sensibilidad que tenían antes de las lesiones, depende del grado de severidad. Sin embargo, asegura el doctor, en chicas acostumbradas a no sentir placer sexual, la sensación que consiguen después de la cirugía “es más que satisfactoria”.

“La concienciación es la única manera de acabar con esto”

La MGF está prohibida en España y el código penal contempla sanciones para los padres que sometan a sus hijas a esta práctica. No obstante, para Mariama y para el Dr. Barri la clave está en la educación.

La cirugía es la última opción disponible y las medidas punitivas son poco eficaces. “Las sanciones están bien, pero son a posteriori, cuando el daño ya está hecho”, dice Barri. “La concienciación de los padres es la única manera de acabar con esto”, asevera Mariama. Adriana Kaplan y Hayat Traspas respaldan sus palabras.

“Cuando se hace un trabajo de prevención a lo largo de la vida de las niñas, cuando van a viajar a sus países, las familias ya saben que eso no es bueno y deciden no hacerlo”, dice la directora de Wassu, que defiende que el proceso debe comenzar con la formación de profesionales en atención primaria en salud y asuntos sociales.

Ya existen protocolos de prevención que se están aplicando con éxito en diferentes comunidades autónomas. A esta labor se une una carta, elaborada por Wassu, que las familias llevan a sus países de origen.

“Una vez que los padres ya saben que la mutilación no es buena, esta carta, en la que se explica que si la niña vuelve mutilada ellos irán a la cárcel al volver a España, les sirve como escudo a las presiones de los familiares”, explica Kaplan sobre el documento.

La vía punitiva

Existen dos vías para proteger a las niñas: la educacional y la punitiva. En esta última se persigue a las familias, se hacen exámenes periódicos de genitales y se retiran los pasaportes hasta que las niñas cumplen 18 años. “Esto para las familias es un drama”, asegura Kaplan.

“En Cataluña nos faltan más de 400 niñas. Los padres, anticipándose a que los Mossos les retiren el pasaporte, mandan a sus hijas a sus países de origen donde posiblemente sean mutiladas (…), mutilando su futuro aquí en España”, explica la antropóloga.

A Mariama, para la que la prevención no llegó a tiempo, la reconstrucción le ha permitido mitigar el dolor de algo que no eligió, pero con cuyas consecuencias vivía. “Yo les diría a las chicas que puedan estar en la misma situación que lo hagan”, dice. “Les hará bien a la larga”.