• Mujeres afganas residentes en Barcelona protestan ante la sede de la ONU en la Barcelona y reclaman una respuesta internacional urgente para proteger a las mujeres y niñas afganas tras la victoria de los talibanes. EFE/Quique Garcia

  • Mujeres afganas residentes en Barcelona protestan ante la sede de la ONU en la Barcelona y reclaman una respuesta internacional urgente para proteger a las mujeres y niñas afganas tras la victoria de los talibanes. EFE/Quique Garcia

  • Un grupo de mujeres vestidas con burka en Kabul (Afganistán). EFE/S. Sabawoon/Archivo

  • Una mujer con burka es vista en un campo de refugiados en Kabul, Afganistán. EFE/ Hedayatullah Amid

  • Un grupo de mujeres vestidas con burka en Kabul (Afganistán). EFE/S. Sabawoon/Archivo

  • EFE/EPA/JALIL REZAYEE/Archivo

Una nueva guerra para las mujeres en Afganistán

Laura de Grado y Cristina Bazán | Madrid y Guayaquil - 18 agosto, 2021

“En las últimas semanas, los talibanes se han hecho con el control de tantas provincias y han masacrado a nuestra gente, secuestrado a muchos niños, han vendido niñas como novias a sus hombres, han asesinado a una mujer por su atuendo, han herido los ojos de una mujer (…), han desplazado a cientos de miles de familias. Necesitamos tu voz”. Así ha descrito la situación de su país la cineasta afgana Sahraa Karim, en una carta que dio la vuelta al mundo tras la toma del país asiático por los talibanes. 

Este domingo 15 de agosto, con casi todas las provincias bajo su control, los talibanes han entrado en Kabul y han retomado el poder en Afganistán 20 años después de la invasión estadounidense en 2001. Tras la entrada en la capital y con la huida del presidente, Ashraf Ghani, el mulá Baradar Akhund, jefe de la oficina política de los talibanes en Catar, ha declarado el fin de la guerra de Afganistán.

Sin embargo, la guerra no ha acabado para las mujeres de ese país. Ha vuelto a comenzar. El retorno talibán amenaza con mermar o eliminar por completo los derechos adquiridos durante los últimos veinte años, y las activistas de derechos humanos y profesionales son las que, a decir de organizaciones de la sociedad civil, corren mayor peligro. Ahora ellas deben luchar una batalla contra el machismo y la discriminación.

Un corredor humanitario para salvar a las juezas afganas

Por el momento, aun a la espera de ver cómo avanza la situación, ya han surgido iniciativas internacionales como la de un grupo de juezas que reclaman un corredor humanitario para salvar a las magistradas afganas o un posicionamiento internacional firme que defienda el derecho a la educación de las mujeres o su participación en el trabajo y en puestos del gobierno. 

El impacto que este conflicto pueda tener en mujeres y niñas preocupa especialmente a los organismos internacionales, como es el caso de ACNUR, que ha reportado que en torno al 80% de los cerca de 250.000 afganos que se han visto obligados a huir desde finales de mayo son mujeres y niños.

La guerra contra el machismo en Afganistán

Para 2011 Afganistán ya era considerado el peor país donde las mujeres podía vivir, según una encuesta de la fundación Thomson Reuters. Pero tras la toma de poder por parte de los insurgentes, miles de mujeres temen volver al panorama que vivieron entre 1996 y 2001.

Por aquel entonces, cuando los talibanes llegaron al poder, las mujeres no podían trabajar fuera del hogar, debían llevar el burka por obligación, salir acompañadas por un ‘muharam’ (pariente de sexo masculino) y se cerró el acceso de las niñas a la educación.

Como consecuencia de ello, sólo el 5 % de las mujeres sabían leer y escribir y el 54 % de las niñas menores de 18 años estaban casadas en 2002, según un informe de OXFAM publicado en 2011.

En 2001, la invasión de las tropas norteamericanasfacilitó que las mujeres pudieran volver a la escuela o que entraran en la universidad”, relata a Efeminista la escritora y periodista de guerra experta en Relaciones internacionales y Asia, Georgina Higueras.

Después de veinte años, unos 3,5 millones de niñas asistieron a la escuela el último año, más del 25 % de los miembros del Parlamento eran mujeres, así como casi el 30 % de las empleadas en las instituciones de la administración pública. Algunas de ellas, incluso, con cargos de alto nivel como ministras y embajadoras de las principales misiones extranjeras.

Pero ahora, según ha publicado la Revolutionary Association of the Women of Afghanistan (RAWA), hay 29 prohibiciones que los talibanes podrían volver a imponer, como negarles el acceso al estudio y al trabajo, a reír en voz alta o a practicar deporte.

“Los derechos no han sido para todas”

Sin embargo, Higueras desmitifica la situación y reconoce que la implementación de los derechos no ha sido igual para todas las afganas. Fuera de la capital las mujeres han vivido años “muy difíciles” a causa de la guerra, y eso ha hecho que “no hayan podido ejercer esos derechos ni tampoco mejorar su situación de vida”, cuenta la corresponsal, que ha cubierto conflictos como la invasión vietnamita de Camboya, las guerras de Afganistán, las dos del Golfo o la segunda de Chechenia.

Durante los años de conflicto, critica la reportera, “lamentablemente las mujeres afganas no han sido el centro de la preocupación de occidente”. Por eso ahora teme que tras la “euforia” de estos días en redes sociales, “vuelvan al olvido”

“¿Si nadie defiende los derechos de las mujeres en países ricos como Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Arabia Saudí, por qué los van a defender en sociedades con dificultades como la de Afganistán?“, cuestiona la que fuera corresponsal para Efe, Cadena SER o El País.

En la misma línea, aunque aplaude las iniciativas que piden abrir las puertas a las mujeres, reconoce que solo unas pocas van a poder salir del país: las que tengan “más medios y un estilo de vida mas occidentalizado”.  “La mayoría de las afganas no tienen esa posibilidad, ni ningún país del mundo va a abrir las puertas a la mitad de la población afgana”, lamenta. 

Por el momento la situación para las mujeres sigue siendo una incógnita en Afganistán. Por una parte, los portavoces de la milicia no ocultan propósito de instaurar un régimen gobernado por la ley islámica (sharía), y por otra, son ambiguos sobre el acceso a sus derechos.

Vamos a permitir que las mujeres trabajen y estudien (…), las mujeres van a ser una parte muy activa en la sociedad, pero en el marco del islam“, ha dicho el principal portavoz talibán, Zabihulla Mujahid.

Aumenta el peligro para las mujeres

Aunque la situación se ha vuelto compleja para todas, es especialmente peligrosa para las activistas de derechos humanos, feministas, políticas y juezas que han condenado a los talibanes.

Un ejemplo de ello es Malala Yousafzai, la joven pakistaní de 24 años que a los 15 sufrió un atentado talibán por defender los derechos a la educación de las mujeres en su país.

La paquistaní Malala Yousafzai. EFE/ Brendan Esposito

“Estoy profundamente preocupada por las mujeres, las minorías y los defensores de los derechos humanos. Los poderes globales, regionales y locales deben pedir un alto el fuego inmediato, proporcionar ayuda humanitaria urgente y proteger a los refugiados y civiles”, ha dicho Yousafzai tras el ingreso de los talibanes a Kabul.

Las juezas afganas también han enviado un mensaje de alerta por sus vidas. La magistrada y socia fundadora de la Asociación de Mujeres Juezas de España, Lucía Avilés, asegura que ellas se encuentran en una situación “extremadamente vulnerable”, precisamente por el cargo que representan y por ser mujeres.

“Ellas representan todo lo que los talibanes no quieren que hagan ni quieren que sean las mujeres. Han podido estudiar, han desempeñado sus carreras profesionales y ejercen un cargo público. Además, han juzgado a hombres y en muchos casos los han condenado y enviado a prisión. Ahora estas prisiones, como consecuencia del ascenso de los talibanes, se han abierto y ellas están siendo amenazadas“, cuenta a Efeminista.

La magistrada afirma que sus colegas afganas, que son alrededor de 250, están ocultando su material de trabajo, sus códigos y su identidad, pues existe la posibilidad de que puedan ser asesinadas. “No olvidemos que en enero de este año dos compañeras del Tribunal Supremo afgano fueron asesinadas en un ataque terrorista”, recuerda.

Avilés ha empezado a visibilizar esta preocupación en sus redes sociales y ya ha recibido el apoyo de otras mujeres, como la fiscal delegada de violencia sobre la mujer de la Fiscalía Superior de Andalucía, Flor de Torres.

“Hace falta unir nuestras voces para hacer un comunicado conjunto de condena de esta situación y para fomentar la articulación de un corredor humanitario para salvar a nuestras colegas“, agrega la magistrada. Además, explica que la legislación española permite que se les conceda un asilo por la persecución por razones de género que están sufriendo.

La respuesta de la comunidad internacional

Para la exministra de Relaciones Exteriores de Argentina, Susana Malcorra, la comunidad internacional juega un papel crucial para garantizar el respeto a los derechos de las niñas y mujeres en Afganistán.

Malcorra es parte de Global women leaders voices for change & inclusion, una organización creada en 2019 e integrada por 55 mujeres líderes mundiales que ha publicado un manifiesto a favor de las afganas. Muchas de estas líderes han trabajado en Afganistán por algún tiempo y están uniendo fuerzas y haciendo conexiones entre las mujeres afectadas y los organismos o estados que pueden ayudarlas.

La también exjefa de gabinete del secretario general de las Naciones Unidas asegura que ningún tratado de paz puede realizarse sin que dentro de los acuerdos se incluya como condición la permanencia de los derechos de las mujeres.

“No se puede pensar en avanzar de ninguna manera, en ningún tipo de ayuda externa que el gobierno que se forme va a necesitar, que no esté condicionada al cumplimiento de ciertos indicadores muy concretos, entre los que están las oportunidades de las niñas y mujeres”, explica.

Entre esos indicadores, por ejemplo, deberían estar la escolaridad, la participación de la mujer en el trabajo y en puestos del gobierno. Derechos que, coincide, están en peligro de perderse.

“Si la comunidad internacional se pone firme en esto yo creo que existe la posibilidad de que lo que surja sea algo menos extremo de lo que hemos visto hace 20 años atrás, pero necesitamos hacerlo ya y de manera coordinada. Porque los derechos de las mujeres son derechos humanos”, menciona.