Nuria Oliver, el sueño de inspirar a futuras ingenieras

Emilia Perez - 9 diciembre, 2018
Ingeniera del Año 2018 y una de las mayores expertas en Inteligencia Artificial, Nuria Oliver será desde este martes la cuarta mujer que se siente, junto a 56 hombres, en la Real Academia de Ingeniería, con la esperanza de que entren “muchas más” para que esta institución sirva como “instrumento para inspirar” a las nuevas generaciones.
“Espero y deseo que no sea yo obviamente la única nueva mujer que entre en la Academia y que haya una nueva generación de gente joven y especialmente muchas más mujeres”, asegura en una entrevista con Efe, en la que reflexiona precisamente sobre la “falta de referentes” que animen a las mujeres a estudiar estas carreras.
Nuria Oliver

Nuria Oliver durante la entrevista con Efe. EFE

Los Nobel y el Turing

Ejemplos no le faltan: el 97 % de los Premios Nobel en Física, Química o Medicina los han ganado los hombres y el Premio Turing (una suerte de Nobel en Informática) lo han ganado desde 1965 “dos mujeres y media”, porque una de ellas lo ganó “ex aequo” con un hombre.
“Con las estadísticas dan ganas de echarse a llorar”, confiesa Oliver, doctora por el Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), directora de Investigación en Ciencias de Datos en Vodafone y científica de Datos jefe en DataPop Alliance.

P: La tasa de mujeres en informática e ingenierías cercanas ha descendido desde mediados de los años 80, de casi un 40 % de chicas que estudiaban estas carreras a porcentajes entre un 10 y un 20 % hoy en día. ¿Por qué no elegimos estas carreras?

R: Hay cuatro factores muy importantes. El primero es un problema de imagen y de estereotipos, tanto en lo que respecta a en qué consisten las carreras como a quien trabaja en ellas. Si yo te pido ahora ‘Cierra los ojos, por favor, e imagínate una persona cuyo trabajo es programar ordenadores’ ¿Qué te imaginas? Probablemente un chico con gafas, un poco gordito, en un sótano, haciendo cosas extrañas en una pantalla y comiendo comida basura. No creo que esa imagen sea muy atractiva para muchas chicas. Pero es una imagen muy diferente a la realidad. Tenemos que cambiar esta imagen. Pero es que también hay un problema de estereotipación de género. Estamos yendo hacia atrás como sociedad. Cuando era pequeña, no había una estereotipación tan grande con respecto a qué juguetes tienen las niñas y qué juguetes tienen los niños; qué libros leen las niñas y qué libros leen los niños. Yo leía lo mismo que leía mi hermano.

P: ¿Cuál sería el siguiente factor?

R: El segundo es la falta de reconocimiento y de visibilidad que tenemos las mujeres en general y en particular en estos temas. Con lo cual, no hay referentes que puedan inspirar a las nuevas generaciones de niñas a estudiar estas carreras. De nuevo, si yo te pregunto dime nombres de referentes tecnológicos me vas a decir Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg… Son todos extranjeros, hombres, viviendo en otros continentes. Es muy difícil sentirte inspirado o inspirada por este tipo de referentes. El reconocimiento de las mujeres es muy inferior al que debería ser si vemos el porcentaje que trabajan en estos campos.

P: ¿Hay un sesgo de género?

R: No afecta sólo a la tecnología, pero tiene impacto. Los sesgos de género lo que nos hacen es a todos, tanto hombres como mujeres, sistemáticamente infravaloremos a las mujeres. Esta infravaloración sistemática se traduce en que las mujeres reciben menos promociones, tienen menos reconocimiento, con lo cual de nuevo no tenemos referentes.
Nuria Oliver

Nuria Oliver. EFE

P: ¿Y el cuarto?

R: Es un factor exclusivo tecnológico. Hay una cultura asentada en muchas empresas tecnológicas, startups y círculos de programación duros que se llama la cultura ‘brogrammer’, que es una palabra que surge de la intersección de brother (entendido como miembro de una fraternidad), y programmer. Es una cultura sexista, misógina, donde no es solamente que se pueda, sino que se celebra hacer comentarios sexistas. Esto hace que un porcentaje muy elevado de mujeres después de que han estudiado carreras tecnológicas, después de que han estado en minoría, después de que han superado todas esas barreras y trabajan en puestos técnicos en empresas tecnológicas, acaban reorientado su carrera profesional por esa cultura tan agresiva en la que tienen que estar trabajando.

P: ¿Tú has sentido machismo a lo largo de tu carrera?

R: No, no explícitamente a esos niveles. Lo que sí que siempre he sentido es ser una minoría y sí que sientes la ‘vulnerabilidad’ de ser minoría. No todo el mundo gestiona de la misma manera esa situación de ser minoría. En mi caso tengo, desde que nací, una personalidad bastante fuerte, en el sentido de que siempre me ha dado igual lo que pensasen los demás o lo que hiciesen los demás. Yo sabía lo que quería hacer.

P: Ante este problema de falta de referentes, ¿no debería replantearse la representación de la mujeres en instituciones como las Reales Academias?

R: Obviamente estoy muy contenta y para mí es un gran honor que me hayan elegido como académica. Mi nombramiento refleja precisamente una aspiración y un plan para rejuvenecer la Real Academia de Ingeniería, para darle más visibilidad. Espero y deseo que no sea yo la única nueva mujer que entre en la Academia y que haya una nueva generación de gente joven y especialmente muchas más mujeres que pronto formen parte de la Real Academia para que, por una parte, refleje más la diversidad social y, por otra, la acerque más a la sociedad. Y sea un instrumento para inspirar, un elemento inspirador para que las nuevas generaciones se sientan atraídas por la ingeniería.

P: ¿Por qué es tan importante la presencia de las mujeres en la tecnología?

R: Hay varias preguntas en el aire. ¿Cuánta innovación se está perdiendo? ¿Cuántas oportunidades no se están realizando por la falta de diversidad en los equipos que crean tecnología? ¿Qué oportunidades estamos perdiendo las mujeres por estar usando tecnología no diseñada por mujeres? Al final el planeta entero está utilizando tecnología diseñada por grupos bastante homogéneos. Y esto es algo que deberíamos cambiar.