• La escritora Carmen Laforet, galardonada con el Premio Literario "Eugenio Nadal" de la revista Destino por su novela "Nada". EFE

  • Portada del libro "Camino a la perfección" de Teresa de Jesús, una guía espiritual dirigida a las monjas del monasterio de San José de Ávila. EFE/Juana Benet

  • Retrato de la abogada y escritora, Concepción Arenal (1820-1893), pintado por Vicente Díaz y González. EFE/nr

  • La escritora gallega Emilia Pardo Bazán, catedrática de lenguas neolatinas de la Universidad de Madrid, durante unos exámenes de Literaturas Románicas. EFE//ct

  • Fotografía del testamento de la poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), durante una exposición en el Antiguo Templo de Corpus Christi de Ciudad de México (México). EFE/Sáshenka Gutiérrez

  • La poeta cubana, Dulce Mª Loynaz, durante un recital poético en el Ateneo de Madrid. EFE/Vida

  • La escritora, Esther Tusquets, durante la presentación de su libro"Correspondencia privada". EFE/Julián Martín

  • Montserrat Roig, escritora y periodista catalana (1946-1991). EFE

  • La escritora Dulce Chacón junto a la novela con la que la escritora obtuvo el Premio Azorín de Novela. EFE/ Fototeca Rosa Javier Galan

Otra mirada sobre el amor para celebrar el Día de las Escritoras

Laura de Grado | Madrid - 14 octubre, 2019

La lectura de 20 textos de escritoras españolas y latinoamericanas es la forma que ha escogido la Biblioteca Nacional para recuperar las voces femeninas de la literatura con motivo de la celebración del Día Internacional de las Mujeres Escritoras este 14 de octubre, una día antes de la festividad de Santa Teresa de Jesús.

En sintonía con el lema de este año, “Mujeres, Amor y Libertad”, la Biblioteca Nacional ha recuperado una antología de textos para reescribir el relato del amor en las letras, esta vez contado por ellas:

TERESA DE JESÚS (Ávila, 1515 – Alba de Tormes, 1582)

“En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir. Le veía en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas.”

Libro de la vida. Madrid, Algaba, 2007 (pág. 258-259)

CONCEPCIÓN ARENAL (Ferrol, 1820 – Vigo, 1893)

“Así ha vivido mucho tiempo la mujer, elevada hasta el hombre por el corazón, considerada inferior a él porque era físicamente más débil, y la fuerza lo era todo en la sociedad. Pero la manera de ser de los pueblos cambia; empiezan a cultivarse las artes y las ciencias; al ejercicio de los músculos sucede el de las facultades intelectuales, y el mundo recibe leyes, no del que maneja con más bríos una lanza, sino del que discurre mejor. El hombre estudia, medita, sabe; y así como al principio de la civilización quiso adornar materialmente a la mujer para gozarse más en su hermosura física, ahora empieza a sentir un vacío, viendo que no puede asociarla a los altos goces de la inteligencia, y se ha preguntado: «¿La mujer podrá ser verdaderamente mi compañera? ¿Sus facultades intelectuales cultivadas podrán levantarse hasta las altas regiones del pensamiento? ¿Su razón podrá comprender la mía y auxiliarla?» A estas preguntas el hombre no ha respondido todavía; pero el problema se ha planteado y el tiempo despejará la incógnita.”

La mujer del porvenir. Madrid, Castalia, Instituto de la mujer, 1993 (pág. 40-42)

EMILIA PARDO BAZÁN (La Coruña, 1851 – Madrid, 1921)

Madrid, 28 de febrero de 1889

“Mi amigo, no has acudido hoy al punto señalado. (…) Pudo ser por dos motivos; uno puramente accidental, porque no pudiste; otro intencional, porque después de la confesión que encierra mi carta no creíste que merezca la dicha de verte y hablarte y pedirte perdón una vez más. Si esto es así, bien me duele, pero no me quejo: he merecido tu cólera, tu desdén, tu indiferencia; lo merezco todo, y sin embargo, te quiero, te quiero, te quiero. (…)

Miquiño mío. Cartas a Galdós. Madrid, Turner, 2013 (pág. 91-109)

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ (San Miguel de Neplanta, 1648– México, 1695)

Yo adoro a Lysi, pero no pretendo
que Lysi corresponda mi fineza;
pues si juzgo posible su belleza,
a su decoro y mi aprehensión ofendo.

No emprender, solamente, es lo que emprendo:
pues sé que a merecer tanta grandeza
ningún mérito basta, y es simpleza
obrar contra lo mismo que yo entiendo.

(…)

Soneto Que explica la más sublime calidad de amor, en Antología. Barcelona, Círculo de lectores, 1973 (pág. 46)

DULCE MARÍA LOYNAZ (La Habana, 1902-1997)

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

“Si me quieres, quiéreme entera”, en Antología lírica. Espasa Calpe, 1993 (pág. 72)

CARMEN LAFORET (Barcelona, 1921 – Majadahonda, 2004)

“El amor recoge en sí todas las armonías, todas las bellezas, todas las aspiraciones, los sollozos, los gritos de júbilo… El amor dispone la inmensidad del Universo, la ordenación de leyes que son matemáticamente las mismas para las estrellas que para los átomos, esas leyes que, en penosos balbuceos, a veces, descubre el hombre.”

La mujer nueva. Barcelona, Destino, 1955

ESTHER TUSQUETS (Barcelona, 1936-2012)

“(…) y ahora le pido quedo que no despierte, que se duerma, y me tumbo a su lado, a sus espaldas, y ella despega por fin los labios y gime “Elia no te vayas” y sé que podré repetir un millón de veces el mismo recorrido suave de su cuerpo con mis manos, susurrar interminablemente las mismas palabras tontas en su nuca tibia, escucharla dormir plácida y a trechos suspirante, mientras espero la muerte con el alba.”

El mismo mar de todos los veranos. Madrid, Castalia, 1997 (pág. 198-203)

MONTSERRAT ROIG (Barcelona, 1946-1991)

“¿Y si fuese mentira lo que el romanticismo nos hizo creer, que puede haber una comunicación “eterna” entre los dos sexos? ¿Y si, en realidad, viviésemos en rebaños, separados los unos de los otros, y sólo nos encontramos cuando nos deseamos? (…)

Así que amaba a uno, como a Alfred ahora, se iniciaba una lucha extraña, los contrarios se enfrentaban, el deseo de libertad y el deseo de ser poseída.
—Ahora eres mía, eres mía – decía Alfred cuando llegábamos al momento culminante del amor.
—Yo no soy de nadie, de nadie ¿entiendes?
Lo anhelaba y se revelaba por ello. Alfred la miraba desconcertado:
—Yo también quiero ser tuyo…
—Nunca seré objeto de ningún hombre…”

La hora violeta (traducción de Enrique Sordo). Barcelona, Argos Vergara, 1980 (pág. 18, 63, 72)

DULCE CHACÓN (Zafra, 1954 – Brunete, 2003)

“La hora de la libertad estaba prevista a las siete de la mañana, pero el director de la prisión se retrasó. Jaime contó uno a uno los minutos que pasó en la brigada con la maleta hecha pensando en Pepita.
Eran casi las ocho cuando un funcionario pronunció su nombre:
—Jaime Alcántara, que salga con todo.
Y Jaime caminó hacia el despacho del director acelerando sus pasos y los del funcionario. Pepita le esperaba. (…)”

La voz dormida. Madrid, Alfaguara, 2002 (pág. 369-370)