Elena Medel retrata la precariedad con voz de mujer en “Las maravillas”

Carmen Sigüenza | Madrid - 23 octubre, 2020

La poeta Elena Medel (Córdoba 1985) ha decidido publicar su primera novela y lo ha hecho a lo grande. “Las maravillas” es uno de esos libros que quedará como testimonio de una época, el de las últimas décadas en España. Medel, poeta, editora, traductora y autora de varios poemarios premiados, como ‘Chatterton’ (Visor), ha decidido dar voz a la precariedad, a la falta de dinero, a la verdad en blanco y negro de la clase trabajadora y al tema de los cuidados y los cuerpos. Todo ello con rostro de mujer.

“Las maravillas (Anagrama) comienza y acaba el 8M de 2018, una fecha emblemática para las protagonistas de una novela que ya ha sido traducida a seis idiomas y que narra la vida de dos mujeres de diferentes generaciones que se mueven en la misma situación de precariedad, en un barrio obrero y padeciendo la desigualdad social entre hombres y mujeres. Una es María, que abandona Córdoba para trabajar en Madrid a finales de los 60, y la otra Alicia, que nace treinta años después y hace lo mismo para trabajar en Madrid.

La historia de la precariedad

P.-  La novela recuerda el realismo social en la España de los años 50. Ha pasado mucho tiempo, pero leyendo su libro,  parece que la precariedad es la misma historia de la España en blanco y negro antes y ahora en el siglo XXI.

R.-  Es una novela que transcurre en España, en realidad, en los últimos casi 50 años. Me parece que podría haber sucedido unos años antes o después y podría haber sucedido también en un país cercano. Al  final es la historia de la precariedad y eso en la historia de la clase baja y de la clase obrera es algo casi transversal. Creo que ocurre por igual en España y en otros países. La precariedad no es una cuestión generacional. Creo que la precariedad, por desgracia, afecta cada vez más a generaciones muy distintas. Me parece que va a volver a pasar especialmente a raíz de esta última crisis y de forma muy salvaje cuando esta situación termine, se vuelva a la normalidad que conocíamos o algo parecido, y el mundo se vuelva a desajustar otra vez.

P.-  “Las maravillas” es el retrato de dos mujeres trabajadoras en un contexto de falta de dinero. ¿Cómo surge esta  historia, su primera novela?

R.-  Es la primera novela que publico, pero la cuarta que escribo. Hay otras novelas anteriores, dos terminadas, una por terminar, que acabé descartando por distintos motivos. Pero había un personaje que se repetía en todas ellas, Alicia. En todas estaba Alicia, en distintos momentos de su vida. Era un personaje secundario, por así decirlo, pero terminaba comiéndose al resto de personajes. Hubo un momento en el que me pregunté: qué tenía ese personaje que me interesaba tanto, cuál era su historia. Y de una manera muy libre, muy intuitiva, sin esquema, empecé a escribir sobre Alicia. Ese fue el origen.

Elena Medel

Portada del libro “Las Maravilla”. Foto cedida por Anagrama.

Ese origen está en el libro, en el capítulo “El reino”, donde se habla del desclasamiento. En ese capítulo está, por una parte la exhibición de Alicia, orgullosa de sus riquezas delante de sus compañeras más pobres y, por otra, el fin de ese espejismo, de esa vida de nueva rica que tuvo y en que la habían educado y criado sus padres. Así empecé a tirar de ese hilo.

Empecé a preguntarme: ¿Qué ocurre? -porque Alicia después de eso que pasó en su familia tiene una vida- ¿Cómo vive Alicia después volver a sus orígenes, a ese regreso a mediados de los 90, a la clase social de origen de su familia?  ¿Quién es la madre de Alicia? ¿Quién es el padre? ¿Quién es la abuela? ¿Cuáles son las relaciones entre ellos? Esas fueron un poco las preguntas que surgieron para ir armando la trama.

“El tema del dinero y la clase social es algo que me interesa cada vez más”

El tema del dinero y la clase social es algo que me interesa cada vez más, y ya estaba en mi libro ‘Chatterton’, de 2014. Toda la escritura abarca la crisis de finales principios de la década pasada y ya estaba el tema de la precariedad, no sólo laboral y económica, sino también sentimental. La manera en la que las relaciones emocionales se terminan mercantilizando cuando alguien me importa, según lo que me dé, no solo materialmente…y eso termina desembocando en la novela esta. Son libros míos diferentes, pero muy hermanados.

Cruda realidad en la ficción

P.- Pone encima de la mesa el tema de la clase social, la pobreza, la precariedad, el ascenso social, los fuegos de artificio, la mentira, un poco también en la línea de crítica de Belén Gopegui, Marta Sanz o Rafael Chirbes.

“Espacios íntimos como espacios políticos”

R.-  Sí pero también Carmen Martín Gaite, porque toda esa cuestión política y social estaba de forma sutilísima en ella, por el tiempo que le tocó vivir y escribir. Cómo ella va armando esa presencia de la realidad en la ficción me interesa mucho. Cómo las cuestiones sociales van filtrándose por la trama de sus novelas. También pienso en la poeta Angela Figueras, que siempre la nombro, me gusta cómo teje una poesía radicalmente social política y critica y utiliza los espacios íntimos como espacios políticos.

Figueras con sus poemas hace política en el salón de la casa, en la cocina, en el mercado, etc. Esa es mi guía entre muchas autoras, como Annie Ernaux, que tiene una frase muy inspiradora cuando dice que que escribe desde sus circunstancias. Ella escribe desde sus circunstancias como mujer de clase obrera, ahora desclasada en la burguesía, pero insiste en que sigue escribiendo desde esa mentalidad de mujer de clase obrera, ahora invitada en la fiesta, y que se siente una extraña.

“Nos da vergüenza hablar de dinero”

En cuanto al tema de la clase social, creo que nos da vergüenza hablar de dinero. Creo que nos da pudor hablar del dinero que tenemos, que ganamos. Por eso muchas veces decimos clase media cuando queremos decir clase baja. La clase media es como un disfraz para encajar a los que les da vergüenza decir que son de clase baja, y  también les sirve para los de clase alta que  sienten vergüenza decirlo. El dinero es algo que marca nuestras vidas. Con dinero se compra todo, incluso cuestiones inmateriales. La clase y el dinero terminan marcando sus vidas en la novela, como el género.

Construir un discurso universal con voz de mujer

P.- La novela comienza y acaba el día del 8-M de 2018, ¿por qué? 

R.- Para mí era simbólico comenzar y terminar la novela con la manifestación del 8 de marzo de 2018, la gran, gran manifestación que todas recordamos. Pero me gustaba que en una novela tuviera personajes femeninos protagonistas elegidos de forma muy deliberada, porque estoy convencida de que se puede construir un discurso universal con un personaje femenino. Nos han enseñado siempre que lo masculino apela a todo el mundo por igual. La historias masculinas, por así decirlo, son universales y las historias femeninas son particulares.

Una historia con una voz femenina, con un personaje femenino, habla de las cosas de las mujeres, sin embargo, una historia masculina con un personaje masculino es una gran historia de peso que analiza los grandes dilemas del ser humano, etcétera.

Entonces sí que quería defender la posibilidad de contar una historia protagonizada por mujeres, con temas como la maternidad, los cuidados, etcétera, pero que apelara por igual a los hombres y a las mujeres. Estoy hablando al final de precariedad, de la clase, que es un asunto que creo que nos atañe a todas, pero también a todos. Termina en el 8 de marzo porque tiene que ver con el periplo vital de María. Para mí era muy simbólico que la novela se cerrara para María ahí, porque es como una especie de culminación de su vida, pero también quería poner a Alicia en ese contexto, alguien tan antipático, misántropo, casi sociópata: qué hace alguien que no le interesa el mundo rodeada de gente que quiere cambiar el mundo.

El 8M cambió muchas formas de ver el feminismo

También ese 8-M es el acontecimiento histórico reciente, porque creo que cambió muchas formas de ver el feminismo. Fue la prueba de que el feminismo estaba ahí. Nunca había dejado de estar, pero sí que ese día se vio que había una voluntad mas allá de generaciones. No  era una cuestión de gente joven que salía a protestar, sino de todas las generaciones y eso fue muy emocionante. Era como un subrayado de que el feminismo apela a todo el mundo.

Para mí fue un momento muy especial que no ha terminado y que sigue vigente, y creo que, como todas las cuestiones históricas, la respuesta de lo que significó vendrá más adelante.

Nuestra vida marcada por dos crisis salvajes

P.-  Habla de la precariedad, de la crisis, y ahora estamos sumidos en otra que también afectará al futuro de los jóvenes. Esto no se agota  ¿Cómo lo ve?

R.-. Al final de cada nueva crisis, los pobres son más pobres y los ricos son más ricos. No sé dónde leía hace poco una estadística  , que apuntaba cuánto habían crecido las grandes fortunas durante estos meses de pandemia. Sí, y, por otro lado, yo creo que la precariedad es algo transversal en cuanto a generaciones. Cada vez hay más empleos precarios.

Pienso, por ejemplo, cómo puede la generación de mis padres, que están ya cercanos a la jubilación, vivir esto ahora. Pasaron unos años tranquilos y ahora se enfrentan a otra crisis más. Pienso en mi generación, que ya no somos tan jóvenes, que tenemos 35 años. Y hay gente, que tiene 15 años menos, que ha empezado ya a salir de la carrera, a incorporarse al mercado laboral, etcétera. Y en mi caso, por ejemplo, venimos de la crisis anterior. Es decir, que nuestra vida va a estar marcada por dos crisis salvajes.

Defensa de lo público a ultranza

Entonces, al final, creo que hay cuestiones de las que tenemos que ser conscientes, que tenemos que reivindicar y que son, por ejemplo, la defensa de lo público a ultranza, la sanidad pública, la educación pública, que todo el mundo pueda tener acceso a ella, que se sienta con esa tranquilidad, que quizá sea una utopía en estos momentos, que no importa lo que ganes si estás enfermo porque vas a estar bien atendido. Vas a poder tener derecho a una educación que te haga progresar, etcétera. Creo que son cuestiones a las que hay que estar cada vez más más atentos, y las mujeres con esta crisis también se llevarán lo peor.

Reacción a la contra de lo conseguido por el feminismo

P.- ¿ Cree que las mujeres en esta crisis se llevarán lo peor? ¿ Sufrirán una involución en la conquista de sus derechos y protección?  

R.- Claro, no tengo duda ninguna. Además con el tema del confinamiento también pensaba en todas las mujeres que tenían que estar con sus maltratadores. Me parece tremendo esa cárcel dentro dentro del propio confinamiento. Los cuidados siempre recaen en las mujeres y siempre están hiperprecarizados.

También hay una reacción a la contra de todo lo que está consiguiendo el feminismo. Para mí, el feminismo es algo trasversal, quiero decir, tiene que ver con la lucha por la igualdad entre géneros, pero también entre clases o razas. Son derechos humanos. Yo veo que hay una una reacción a la contra, un rechazo muy potente de todo lo que se ha ido consiguiendo. Se da un paso y te empujan para retroceder dos. Creo que es algo que está sucediendo en los últimos años y que se va a manifestar de manera mucho más salvaje en los próximos años con la crisis que va a venir.

Las maravillas, traducida a seis idiomas

P.-  ¿Qué lugar ocupa esta novela en su carrera?, ¿Va a seguir escribiendo novela, además de poesía, y a seguir dirigiendo la editorial La Bella Varsovia

R.– No lo sé. Tengo alguna historia en la cabeza. Tengo también ideas para un libro de poemas y estoy acabando un ensayo que saldrá en algún momento. Ahora estoy muy contenta con ‘Las maravillas’, que se va a traducir a seis idiomas, el alemán, inglés, italiano, neerlandés,  griego y portugués, saldrá en Portugal y Brasil. Va a salir en muy buenas editoriales y estoy muy contenta porque podría parecer que por el contexto era una historia muy española, pero que cada país se la puede llevar a su lado. Una editora portuguesa me lo decía: ‘Hemos tenido referencias hermanas’.

Es un poco el ‘Anticuéntame’. El barrio no es tan bonito. Hace poco volví a ver  ‘Laberintos de Pasiones’, de Almódovar, en el Madrid de 1982, y en esa época mis padres tenían veintipocos años y veían y vivían una realidad completamente distinta. Pues la novela trata de reproducir un poco esa realidad.